Un fracaso dejó de ser accidente para convertirse en costumbre. Desde que la Selección Nacional de Guatemala desperdició la oportunidad de clasificar a la Copa del Mundo 2026, el futbol guatemalteco no ha hecho más que acumular decepciones. Lo que parecía un tropiezo aislado terminó destapando una realidad incómoda: las selecciones nacionales atraviesan una crisis de resultados que refleja las profundas carencias estructurales del balompié nacional.
La Bicolor absoluta abrió el año de la peor manera. Perdió los cuatro partidos de preparación que disputó y recibió 14 goles. Más allá de los marcadores, el equipo evidenció falta de identidad, solidez defensiva y capacidad de reacción.
La siguiente decepción llegó en febrero con la Selección Sub-17 de Guatemala. En casa y por segundo año consecutivo, Guatemala volvió a quedarse sin Mundial Sub-17 tras ser eliminada por Haití, exactamente el mismo rival que la había dejado fuera un año antes. Ni la localía ni el formato ampliado de 48 selecciones fueron suficientes para romper una historia que se repitió de la misma manera.
