16 oct. 2015

A 19 años de la Tragedia en el Mateo Flores

Ochenta y tres personas murieron. Una avalancha humana les arrebató la vida. Cientos quedaron con magulladuras, fracturas y traumas imborrables. Hace 19 años en el Estadio Mateo Flores sucedió la mayor tragedia en un evento deportivo ocurrida en Guatemala. Esta es la historia de varias personas que la vivieron.

16 de octubre de 1996, y en las afueras del Estadio Mateo Flores se vivía un ambiente de fiesta. Parecía como si se tratara de una celebración nacional.

Tras la catástrofe, la FIFA suspendió el estadio, que se remodeló y redujo su capacidad a 30,000 espectadores. DCA.

La selección de futbol de Guatemala se enfrentaría a la de Costa Rica en un partido de eliminatorias para el mundial Francia 98. El estadio, con aforo para 38,000 aficionados reunía a unos 46,000. Además, había una cantidad indefinida de aficionados tratando de ingresar. La falsificación de boletos provocó una sobreventa de entradas.

La tragedia

Era un miércoles que se sentía como domingo. Cientos de personas apuraron el horario de trabajo, forzaron a los relojes a moverse más rápido para salir más temprano y correr al estadio. Había algo en el aire –algo que casi siempre está antes de un partido– que les decía que ese iba a ser el día más anhelado, el día en que Guatemala le ganaría a Costa Rica. Las colas en las afueras del estadio eran gigantescas, como una serpiente amazónica, de esas cuyo rostro y cola no se pueden ver a la vez.

La Confederación Deportiva Autónoma de Guatemala (CDAG) había autorizado a la Federación de Fútbol a vender 45 mil 796 boletos para el partido. Se vendieron casi de inmediato, nadie cuestionó si eran muchos. El partido empezaría a las 8, pero a las 6 la Policía ya había detenido a un revendedor con un fajo de boletos falsos. A las 6:30 el estadio ya estaba rebosante y un sinfín de personas todavía aguardaba a entrar. A las 19:15 cerraron las puertas. No cabía nadie más. Pero la gente no estaba dispuesta a quedarse con el boleto comprado y escuchar el partido por la radio; así que, enardecidos, lograron derribar la puerta de la General Sur y entrar en una horda que empujó a los que ya estaban dentro sobre los demás y que, al final, acabó con la vida de 83 personas e hirió a unas 200.

Muchos factores se confabularon para que sucediera la tragedia. El Ministerio Público (MP) determinó más tarde que había al menos 7 mil boletos falsos y que algunos porteros les decían a los asistentes que los niños entraban gratis y que vendieran sus billetes. El presidente Álvaro Arzú formó una Comisión para que investigara el caso, y se determinó, entre otras cosas, que el aforo que habían contemplado era inadecuado. El ingeniero que estuvo a cargo de construir el estadio, Juan de Dios Aguilar, aseguró que no había sido diseñado para más de 34 mil personas y el Colegio de Ingenieros –al que el MP pidió un estudio– determinó que se vendieron 13 mil 120 boletos de más legalmente, aparte de los falsos. Es decir, al menos había 20 mil personas más allá de la capacidad del estadio.

Con la venta de esos boletos se recaudó Q1 millón 445 mil, que más tarde fueron utilizados para indemnizar a los familiares de las víctimas.